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“Era propio que lo fuese una mujer tratándose de novelas, porque las novelas pintan la sociedad y la vida doméstica, y en estas las mujeres reinan donde quiera que hay cultura. Así es que en el género novela si bien todavía el principal lugar está ocupado por el sexo así física como intelectualmente más fuerte, los segundos puestos se ven llenos de personas del sexo más débil, compartiendo con el otro no poca gloria y aun en el más alto hay alguna ilustre autora que merece tener, y tiene asiento. Pero, volviendo á Francia y a nuestro asunto, tiempo es de hablar de las novelas de Mad. de Lafayette, cuyos títulos son: La marquesa de Monpensier, Zaida, La Princesa de Cleves, y La Condesa de Tende, obritas de las cuales las nombradas en segundo y tercero lugar, y especialmente esta última, conservan todavía buena parte de la fama de que gozaron. El paso, o dígase la transición de uno á otro modo de estar o ser en todo cuanto piensa, siente, dice ó hace el hombre, le pone por más o menos breve plazo en una situación en la cual hay bastante del punto de que se procede, y no menos de el en que se va entrando. Así en las citadas producciones de madama de Lafayette es fuerza descubrir algo como continuación de la manera de la Sta. de Scudéry, en el estilo en general, en la naturaleza de los pensamientos, y aun en alguna ocasión, hasta en la expresión de los afectos pero, á la par con todo ello se nota algo nuevo, más natural, más vivo, que se aproxima a la realidad, sin ser imitación grosera, y que baja el tono sin llegar á ser humilde el nuevo que toma. Si la Astrea inauguró la novela en Francia, la Princesa de Cleves inauguró la que tanto creció y se dilató en el siglo XVIII, o, cuando menos una parte muy principal de ella, porque, crecida y dilatándose, tanto pretendió, y á tanto alcanzó, que, en la apariencia sino en la realidad, procedía de más de un origen, pareciendo algunos cuentos nuevos con sus fundadas pretensiones filosóficas no continuación de cosa pasada, sino creación de un género diferente. |